Pensar el Mundo

miércoles 30 de mayo de 2007

SUICIDIOS EN CARCELES

SUICIDIOS EN CARCELES
El presente trabajo fue realizado por la autora en el marco del Post Doctorado en Ciencias Sociales del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba, Rep. Argentina, 2004-06.-

1. INTRODUCCIÓN


El interés en profundizar el tema de suicidios en las cárceles en general, partió de la preocupación que existe en ámbitos públicos específicos a nivel nacional e internacional, en cuanto a los resultados estadísticos en relación al tema. Dichos resultados permiten inferir que, lejos de disminuir, en muchos casos los suicidios en cárceles constituyen una tendencia en crecimiento. Por si acaso, véase lo ocurrido en la cárcel de Bower en la ciudad de Córdoba (Argentina), la cual –después de inaugurada-, y a partir del traslado de los internos desde otras dependencia, dio como resultado el mayor número de suicidios simultáneos de los últimos tiempos.

El suicidio, en los ámbitos carcelarios, constituiría una expresión más de la violencia generalizada dentro del sistema, el cual, lejos de significar un espacio para la recuperación del individuo encerrado, operaría como un elemento de exacerbación de las tendencias conscientes e inconscientes de las pulsiones de muerte, siendo el suicidio sólo una de sus diversas expresiones.

La pregunta fundamental estaría dada, entonces, en relación a aquellos factores que, formando parte de las características propias del sistema carcelario, vendrían a influir en el individuo de tal modo que diera como resultado un acto suicida. Queda así expresado el objetivo fundamental del presente trabajo, dejando de lado otra cuestión que aquí no se habrá de abordar, pero que quedaría implícita, y que tiene que ver con el derecho a la recuperación individual y social de las personas privadas de su libertad.

Las perspectivas sistémicas y psicoanalíticas nos brindaron un marco teórico de gran utilidad para analizar dicha problemática. La organización carcelaria constituye en sí misma un subsistema conformado por actores con un perfil muy determinado, y con funciones, reglas de juego y códigos de convivencia muy particulares, los cuales se vinculan a relaciones de de inter/supra/ y subordinación muy específicas. Por otra parte, este tipo de subsistemas se encuentran insertos en entornos sociales que les proveen las normas a partir de las cuales deberán funcionar, quedando los mismos sujetos a ellas más allá de su efectividad

Como herramienta metodológica se utilizó la entrevista en profundidad. Para ello se diseñó una grilla en la cual se formularon preguntas que tienen que ver con las características[1] propias de la unidad de observación (las cárceles), tanto desde el punto de vista de su infraestructura y comodidad, como así también desde el punto de la funcionalidad y el sistema de relaciones. Para dilucidar causales probables de suicidios, también se establecieron preguntas que posibilitaran inferir causales aspectos vinculados a la salud física y psicológica de los individuos que forman parte del sistema, a los efectos de determinar por aproximación cuáles podrían ser algunos de los aspectos de posible influencia en la determinación de suicidarse.

Parece importante aclarar que el presente trabajo, -que se realiza dentro del ámbito de cárceles argentinas-, forma parte de otro de mayor amplitud. En efecto, la mayor incidencia de suicidios en instituciones carcelarias, no parece un fenómeno exclusivo de nuestro país, ya que, la lectura de esta problemática en otros países nos permite inferir en muchos casos la coincidencia de las diversas manifestaciones. Por si acaso, también se han tomado en cuenta situaciones carcelarias en relación al suicidio ocurridas en otros países, especialmente en Italia.


2. Algunas cuestiones preliminares

2.1. Entrevistar: ¿a quiénes?

Indagar a personas vinculadas a la jerarquía del sistema carcelario, a personas que han intentado suicidarse, a testigos calificados de actos de esta naturaleza, o a reclusos en general, no ha sido fácil lograrlo, dado que, el sistema carcelario en líneas generales es reticente a facilitar acceso a personas que no estén vinculadas directamente al recluso, es decir, sus familiares o aquellos profesionales o personas que atienden directamente el caso. Con lo cual, acceder a los reclusos para obtener información a través del diálogo directo constituyó un verdadero desafío, pero finalmente alcanzado gracias a la intermediación de personas que tienen acceso al sistema.

En cuanto al presente trabajo cabe destacar la invalorable disposición a responder preguntas por parte del Procurador General de la Nación, la Defensora de la Nación, Directores de Sistemas Carcelarios de nuestro país, responsables de Derechos Humanos dentro del ámbito de la justicia, profesionales de la medicina y la psicología, voluntarios y otros. Una mención especial la merece el capellán de la Cárcel San Martín de la ciudad de Córdoba, Rv. Padre Hugo Olivo, mediador en el motín del Penal San Martín, quien con la mejor de las disposiciones, vehemencia y corazón abierto, narrara historias de vida que posibilitaron la reconstrucción de casos.

El universo indagado y la información recopilada en el presente trabajo se vincula al sistema carcelario federal argentino en general y al de la Provincia de Córdoba en particular, en un período que abarca los años 2003-2005.


2.2. La dificultad del método de las entrevistas en profundidad y la dificultad para acceder al sistema.

Como se mencionara anteriormente, para poder llevar a cabo la investigación, se seleccionó como herramienta metodológica la entrevista en profundidad, en la que se tuvieron en cuenta los tres aspectos mencionados por Delgado y Gutiérrez (1999: 231) a los efectos de que las mismas resulten efectivas, y a los cuales nosotros les damos nuestra particular interpretación. Ellos son:

a) el contrato comunicativo (o confianza entre las partes), esto es, aquel juego
de mutuos intereses (el de poder preguntar y el de querer responder o estar dispuesto a decir), cuyo equilibrio inestable dependerá fundamentalmente de la capacidad de persuadir del que pregunta para desentrañar (auscultar)la información sin molestar;
b) la interacción verbal, o construcción discursiva cuya perfección
habrá de darse a partir de la correcta formulación de preguntas u oportunas demandas interrogativas a los efectos de lograr adecuadas respuestas; y
c) el universo social de referencia, que es el que en definitiva predetermina la construcción simbólica expresada a través de un lenguaje verbal o gestual que el sujeto actuante, -en cuanto interrogado-, habrá a transmitir según los códigos del contexto al cual pertenece.

Si la entrevista en profundidad se hace dificultosa, no se refiere tanto a los aspectos referidos en (a) y (b), sino a la cuestión apuntada en (c) , esto es, al “universo social de referencia”, por la dificultad para acceder a los mismos.

En tal sentido, y más allá de las dificultades, los interlocutores calificados a los que se pudo acceder fueron, -entre otros-, los siguientes:

a) máximos responsables vinculados a sistemas carcelarios, tanto nacionales como provinciales. (Dirección de Cárceles, Procuraduría Nacional, Defensoría Nacional) establecimientos penitenciarios, oficinas de defensoría, procuradurías, directores carcelarios, etc. (esto así, a los efectos de obtener datos generales y una visión global y sintética del tema);

b) reclusos en general, y en particular aquellos que tuvieron la oportunidad de estar en contacto con suicidados (importa la percepción que pudieren tener de los hechos observados, como así también el conocimiento y evolución de la problemática de la persona); reclusos que hubieren intentado suicidarse alguna vez (motivaciones), y;

c) personas que por su función están o estuvieron en contacto con los detenidos a los que podemos denominar “observadores calificados” (educadores, voluntarios, capellanes, entre otros).

Parece pertinente insistir en que, una herramienta metodológica como la seleccionada presenta una serie dificultades a la hora de su aplicación, entre otras, por las razones que a continuación se detallan:

a) porque obliga a situarse desde una perspectiva en general tan ajena a la cotidianeidad de quien se dedica a la tarea intelectual, que hace dificultosa una clara percepción de ese tipo de realidades como es en este caso indagar a personas privadas de su libertad;

b) por las características propias del medio en el cual este tipo de fenómenos se desarrolla (sociograma, relaciones de supra y subordinación formales e informales, relaciones entre los detenidos, etc.);

c) por la dificultad que ofrece el sistema para acceder al escenario propio en donde se producen los hechos, como así también, acceder a las personas que alguna vez hubieren intentado suicidarse o hubieren sido testigos de suicidios;

d) por la dificultad para obtener genuina información (códigos de silencio, renuencia a dar cierto tipo de información, desconfianza en cuanto a los verdaderos objetivos del investigador, dificultad para acceder a los reclusos claves (testigos oculares, líderes de grupos, internos que hubieren intentado suicidarse, etc.).


2.3. Escribir: ¿para quiénes?

Es de esperar que las conclusiones del presente trabajo, puedan servir de orientación o reflexión a cuatro tipos de públicos, que son los actores vinculados en firma directa o indirecta al sistema. Ellos son, entre otros los siguientes:

a) a quienes tienen la responsabilidad de formular las políticas públicas carcelarias;

b) a quienes por función institucional tienen a su cargo en forma directa o indirecta la atención de las personas detenidas, (directivos de cárceles, celadores, asistentes sociales, voluntarios, psicólogos y profesionales de la salud en general que atienden en este ámbito específico);

c) a quienes tienen a su cargo legislar sobre el derecho de las personas, como así también a quienes tienen que administrar justicia, entre otros actores calificados; y por último,

d) a los privados de libertad, en cuanto que, la racionalización de la problemática sirva no sólo para conocer mejor el sistema, sino también para ayudar a disuadirlos de cierto tipo de decisión.
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3. EL SISTEMA CARCELARIO COMO CLAUSURA


Como se apuntara en la parte introductoria del presente trabajo, en parte se ha seleccionado la perspectiva sistémica para efectuar el abordaje de la realidad investigada. Al respecto, ha parecido pertinente trabajar, -entre otras-, con la teoría de Luhmann reinterpretada por Izuzquiza (1990), dado que, la misma brinda algunos elementos que son aplicables a la compleja realidad de los sistemas carcelarios. Como señala este autor, la teoría sistémica de Luhmann “constituye un instrumento para abordar el problema de la complejidad”[2], elemento central de la teoría para aplicar al análisis del sistema carcelario.

Al respecto, se podría afirmar que dicha complejidad está dada tanto por las características de los elementos que constituyen la estructura misma del sistema, esto es, los actores involucrados en el mismo y su ordenamiento jerárquico, como el orden[3] que determina las relaciones y el funcionamiento de dicho sistema. Entre aquellos elementos que forman parte de las características propias de dicha complejidad, y teniendo en cuenta la clasificación de N. Luhmann, se destacan las modalidades referidas a la “autorreferencia” y a la “autopoiesis”, queriendo significar con ello, que el sistema se autorregula a sí mismo y se hace poco abierto al ambiente que lo rodea.

En ese sentido, el sistema carcelario en general se lo puede considerar como autorreferente[4] en cuanto a la “clausura” que produce sobre sí a los efectos de mantenerse como unidad poco permeable a los inputs y outputs con su entorno. Las posibilidades de que elementos externos puedan penetrar en su interior y ejercer algún tipo de influencia son particularmente escasas. En realidad, son muy pocos los que pueden acceder a la interioridad del sistema carcelario para generar algún tipo de modificación o para obtener información. Sin embargo, el propio cierre a veces genera clandestinidad[5] o transgresión.

Dicha clausura, que además de ser simbólica se traduce en encierro físico y por ende psicológico, no es sólo simbólica, sino también real (aunque lo simbólico también sea real), en el sentido del encierro físico psicológico[6] y comunicacional, que para quienes no encuentran alternativas como las que se ofrecen a través de las actividades pastorales religiosas[7], termina siendo el suicidio un mecanismo de fuga o de liberación.

Cuando tipificamos al sistema carcelario como autopoiético[8], a lo que se está haciendo referencia, es a la capacidad para generar su propio ordenamiento y estructuración, en la cual estarán presentes tanto aspectos formales (divisiones de roles y funciones preestablecidas a través de la propia normatividad) como informales, como con la conformación de “celdas religiosas” y la emergencia de determinados tipos de liderazgos[9].

De ese modo, se construyen liderazgos funcionales al sistema que sirven tanto como canales de comunicación hacia la jerarquía, como receptores de demandas de sus pares, lo cual genera un subsistema de lealtades voluntarias o impuestas que pocos se atreverían a violentar. Y si se tiene en cuenta la caracterización de Goffman en relación a este tipo de instituciones[10] en el sentido de la escasa autonomía para realizar algo fuera de programa, y que todas las actividades básicas (comer, dormir, jugar, etc.) están estrictamente programadas como actividades obligatorias y bajo riguroso control[11], no deja de sorprender la aparición de liderazgos que puedan funcionar.



4. EL SUICIDIO COMO FENÓMENO.

4.1. Consideraciones generales


Una vez caracterizado el sistema carcelario según un abordaje sistémico, nos aproximaremos a algunas perspectivas teóricas que tratan acerca del suicidio en general, dada la escasez de trabajos referidos a dicho fenómeno dentro del ámbito de las personas privadas de su libertad. Para ello, se tomará fundamentalmente el trabajo de Durkheim sobre este tema, como así también algunos otros enfoques más contemporáneos sobre el tema y que puedan tener algún punto de aproximación con la realidad que nos ocupa.

Diversas conceptualizaciones se han efectuado acerca de lo el suicidio se trata, pero una de ella destaca por su simplicidad y precisión. Al respecto, Hilda Marchiori, nos dice que suicidio “es la autodestrucción voluntaria de la propia vida”[12]. Este fenómeno, acontecido en instituciones en las que se encuentran alojadas personas privadas de su libertad, adquiere una especial relevancia por las características tan peculiares que los mismos revisten, dada la complejidad del medio ambiente en el cual se producen y las causales que puedan haber favorecido tal decisión. No obstante, parece importante aclarar que, no todos los gestos suicidas tienen como objetivo la autoaniquilación, como así también, que muchos tipificados como tales, en realidad forman parte de homicidios que se han tratado de encubrir.

Por otra parte, trabajar la temática de la conducta suicida implica reconocer al menos cinco momentos distintos del fenómeno. Ellos son, a saber:

a) primero, descubrir que se desea morir;
b) segundo, desarrollar la fantasía, fantasma o ideación acerca de realizar el acto de autoeliminación;
c) tercero, tomar la decisión de concretar el acto;
d) cuarto, planificar la estrategia de de concreción, que incluye la modalidad de realización;
e) y un cuarto momento, que tiene que ver con el acto mismo en el cual se efectiviza la autoaniquilación.

Como podrá observarse, la necesidad de morir y el deseo de concretarlo, lleva en general un largo proceso que tiene que ver con múltiples factores:

a) la psicología individual de la persona;
b) el estado físico en general y el de salud en particular en el que se encuentra el individuo,
c) su historia de vida,
d) el medio ambiente en el que se encuentra,
e) su horizonte de vida o expectativas de realización personal,
f) y finalmente, su horizonte de sentido en que involucra tanto sus sentimientos como su cosmovisión de la vida, y que finalmente será la que le dará mayores o menores fuerzas para tomar la decisión.

El suicidio también puede ser clasificado teniendo en cuenta múltiples puntos de vista:
a) su naturaleza,
b) las causales que lo inducen,
c) los objetivos perseguidos,
d) los modos de realización,
e) el mensaje que pueda llevar implícito o que desea dejar (si lo hubiere),
f) el destinatario del mensaje (si lo hubiere),
g) y algunos otros modos no explicitados en el presente trabajo, pero de gran implicancia social e internacional como es el terrorismo suicida tan difundido hoy.


4.2. Perspectivas teóricas para su estudio

Diversos autores señalan que existen fundamentalmente dos perspectivas teóricas en el estudio del suicidio y/o su tentativa. La Revista Vertex en dos oportunidades, dedica extensos análisis a los modelos de investigación que se han desarrollado sobre el tema. Éstos y otros trabajos coinciden en que dicha temática es trabajada desde las teorías sociológicas y médica (psicopatológicas y psicológicas fundamentalmente). Sin embargo, la perspectiva jurídica también incorpora sus aportes, como así también la teoría de la resolución de conflictos.

La perspectiva sociológica tradicionalmente ha tomado como punto de partida el estudio realizado por Emile Durkheim en Le Suicide (1897)[13], y otra investigación posterior de Halbwachs (Les causes du suicide: 1930). Pero el estudio de Durkheim es el que indudablemente marca un antes y un después en el estudio de dicha problemática. Su método de análisis resultó fundamental para estudios posteriores, el cual se destaca,-entre otras cuestiones-, no sólo por la forma inductiva[14] de llevar a cabo el mismo, sino también por la aplicación del método comparativo[15] que utiliza, y al que otorga una fundamental relevancia.

Varios aspectos del estudio de Durkheim nos han resultado de utilidad para nuestro trabajo. Uno de ellos tiene que ver con la cuestión de la “imitación”[16] en relación al suicidio, que para el caso de las cárceles adquiere especial relevancia, si bien no ha sido un tópico al cual se le haya dedicado particular atención, sino sólo como una de las varias preguntas formuladas en las entrevistas y a los efectos de relevar un dato más, de la totalidad de los que se tuvieron en cuenta al elaborar las grillas. No obstante, nos atrevemos a afirmar que, uno de los fenómenos relevantes en las cárceles, tienen que ver, justamente, con la serie de suicidios en cadena que se suelen producir. Por si acaso, véase lo sucedido en la Cárcel de Bower (Prov. Córdoba, Argentina), cuando, con motivo del traslado de los internos desde otras unidades penitenciarias, se produjeron una serie de suicidios que pudieron haber sido por “imitación”, o por “contagio”[17].

Una perspectiva que suele ser tomada como parte del análisis de casos sucesivos de suicidios, es la “epidemiológica”, enfoque sobre el cual Durkheim advertía tener especial cuidado en cuanto a la precisión en relación a las observaciones y a las conclusiones que se pudieren obtener de ellas. La epidemia se produce por “contagio”[18] que en el caso de los suicidios parece ser un fenómeno más complejo, y que va más allá de la simple imitación aludida en el párrafo anterior[19]. Entre los aspectos que se tienen en cuenta para el estudio epidemiológico se encuentran los siguientes: “grupo demográfico”, (en nuestro caso, las personas privadas de su libertad y recluidas en instituciones carcelarias o penitenciarias), “distribución” (esto, es por clasificación en función de delito, etapa procesal o condenatoria, sexo, edad, etc.), “frecuencia” con la que se producen (regularidad en el tiempo), entre otros aspectos aquí no contemplados.

En cuanto a la perspectiva psicológica, nos ha parecido que el enfoque que mejor se adecua a la realidad del suicidio carcelario, es el enfoque psicoanalítico de Freud referido de la “pulsión de muerte”, luego reinterpretado por otros autores. Si para nosotros este enfoque es importante, es porque el mismo alude al “principio del cero o del Nirvana”[20], esto es, un deseo de retornar a un estado en el que esté ausente el dolor[21], objetivo de la mayoría de los reclusos.

En nuestra consideración, “el dolor” es una de las características más sobresalientes del sistema carcelario y es la búsqueda de salir del mismo, lo que nos permite comprender las razones de muchos suicidios como mecanismo de fuga a dicho dolor. Eero Rechardt, con motivo del Primer Simposio de la Federación europea de Psicoanálisis (Marsella, 1984), describe con enorme claridad lo que la pulsión de muerte vendría a significar como reinterpretación al sentido original freudiano, y que resulta útil a nuestro análisis. Lo hace del siguiente modo:

“(...) es preciso entender por pulsión de muerte la lucha activa, permanente y obstinada, por recuperar un estado de paz conocido anteriormente; esfuerzo por desembarazarse de lo que es vivido como perturbador y/o mantenedor de la inquietud. La muerte no es sino una forma particular de este estado de paz, y la destrucción no es más que un medio de luchar para alcanzarlo.”[22]

Por su lado, la Psiquiatría, (perspectiva que parece en general predominante en el sistema carcelario a nivel internacional), aborda la problemática del suicidio como una patología[23], tanto desde una consideración individual como epidemiológica[24], en muchos casos tomando como punto de partida los estudios realizados por Esquirol (1827) en “Sur la monomanie suicide” y que aún hoy guardan vigencia por la importancia de sus conclusiones. La consideración que aquí se desea destacar, es que en las cárceles en general, la perspectiva médico-psiquiátrica es predominante, lo cual se manifiesta a través no sólo de los diagnósticos que se efectúan, sino también a través de las propuestas de solución que se hacen a los problemas, expresados en líneas generales a través de la prescripción de medicación[25], casi exclusivamente. También estas vertientes teóricas psicoanalíticas y psicopatológicas abordan la perspectiva de repetición de casos por imitación o por contagio a la que aludíamos en párrafos anteriores.

En la actualidad la tendencia es analizar el fenómeno suicida desde una perspectiva más multidimensional e interdisciplinar, la cual, sin dejar de lado los enfoques antes mencionados, intenta brindar una mirada que posibilite múltiples interpretaciones. En estos casos, importan tanto los factores endógenos como los exógenos para efectuar interpretaciones. Muy interesantes resultan los “modelos de vulnerabilidad” sintetizados por Lourdes Villardón (1993). En su aporte esta autora articula factores individuales y ambientales para una mejor comprensión del fenómeno, e incorpora la variable stress como resultado del interjuego de fuerzas operantes en el individuo propenso al suicidio.

Según Silvia Ubaldi, quien ha realizado estudios suicidas en cárceles italianas, la tendencia actual es estudiar el “comportamiento suicida”, esto es, tratar de reconstruir el comportamiento del que fuera en su momento el potencial suicida, y el significado que para el mismo tenía el acto que luego alcanzó a ser consumado. O como dice la autora “tratar de reconstruir el significado del singular comportamiento del suicidio”[26]. En ese sentido, la interpretación de L. Villardón, tendría algún punto de coincidencia con S. Ubaldi cuando esta última habla de la “metabolización del ambiente”, esto es, la capacidad de sobrellevar o soportar el “stress”del medioambiente carcelario en función de la estructura psíquica individual, o de la capacidad de tolerancia del individuo al medioambiente en el que se encuentra.

Uno de los inconvenientes que S. Ubaldi encuentra a la hora de “reconstruir el caso”, es que en líneas generales, existe dificultad para acceder a la información directa de testigos calificados de suicidios consumados, como lo apuntáramos oportunamente, y esto así, porque, como dice la autora, “construir una casuística” depende fundamentalmente del “diario de a bordo” o informe disciplinario que el empleado carcelario provee como rutina. Entonces, “recontruir un caso” a partir de estos instrumentos que suelen ser de por sí confusos, y a su vez establecer los motivos o causales del mismo, no parece una tarea fácil de lograr, si es que se pretende dar la mayor claridad y precisión posible. Esto plantea toda una temática dificultosa de por sí, y a la que Durkheim ya aludía en su trabajo[27].

Insistimos en los trabajos de Lourdes Villardón Gallego, por la posibilidad que nos brinda para comprender mejor el fenómeno que nos ocupa. Al respecto, la autora utiliza diversos “modelos de vulnerabilidad”. Su propuesta consiste en analizar los casos de suicidio partiendo de una mirada tanto social como individual del sujeto. Según esta autora, el contexto social, sumado a las características propias de la persona, podrían predisponerlo a lo que denomina “estado mental suicida”, esto es, una ideación ciertamente obsesiva que favorecer el mismo.

En el presente trabajo sólo se ha hecho referencia a las perspectivas más difundidas hasta el presente, sin desconocer que existen otras miradas que pueden contribuir al análisis del fenómeno. Entre otras, nos parece importante mencionar la vinculada a la “resolución de conflictos”, dado que la conflictología puede analizar el fenómeno desde varias perspectivas, entre otras, la intrapsíquica, la antropológica, la social y la organizacional, en este caso, intraorganizacional teniendo en cuenta los diversos actores y problemáticas dentro de un sistema como es el carcelario.


4.3. Morfología y etiología del suicidio

Una pregunta a formularse es, si cuando se habla de suicidios en cárceles, éste debe ser interpretado bajo una misma modalidad. En ese sentido, podrá hacerse una diferenciación básica entre distintos tipos de suicidios ya sea por la causal, por la modalidad que el mismo adquiere o por la finalidad que persigue. Algunos autores han clasificado el suicidio en función de lo que han dado en llamar “su significación”, como es el que propone Silvia Ubaldi[28] en el trabajo de esta autora antes aludido.

También existen otras consideraciones relativas a naturaleza y causas, destacándose las apreciaciones realizadas por Durkheim[29] para quien las condiciones de vida del sujeto y del entorno son fundamentales para intentar una clasificación según causales. A los efectos del presente trabajo, y teniendo en cuenta la grilla de preguntas con la que se ha trabajado en las entrevistas en profundidad, se propone la siguiente clasificación, teniendo en cuenta:

a) Causal: angustia, depresión, soledad, falta de contención, falta de atención, desaliento, desesperanza, desesperación, entre otros.
b) Modalidad: ahorcamiento, cortes con elementos punzantes u otros, asfixia, entre otras modalidades.
c) Finalidad: terminar con el sufrimiento, llamar la atención, enviar un mensaje, entre otros.

De las entrevistas efectuadas, surge una diferenciación en lo relativo a causales, dependiendo de los roles y funciones del entrevistado. Para el caso de funcionarios vinculados a la supervisión de cárceles, defensorías, y otros, los suicidios se producirían fundamentalmente por una cuestión vinculada al medio ambiente. En ese sentido, se insiste en que a muchos internos se les hace “insoportable” el sistema, enfatizándose las cuestiones vinculadas a la hostilidad en el trato por parte del personal superior. La “violencia” intraorganizacional, aparece como la causal más sobresaliente.

En el diálogo con los internos, no ha sido la problemática del mal trato directo traducido en manifestaciones de violencia física lo que con más énfasis han manifestado. En ese sentido, la palabra que más han pronunciado es “soledad”, “desprotección” y “falta de contención”. Frente a la pregunta de qué significación daban a la palabra “soledad”, la respuesta estuvo relacionada a diversos aspectos, como desconfianza mutua entre internos, distanciamiento de los seres queridos[30], y otros. En relación a la “desprotección” aludida, se manifestó la falta de atención médica[31], psicológica[32] y de asistencia social[33]. También se hizo hincapié en la falta de una alimentación adecuada[34] y la insalubridad[35] y hacinamiento[36] en el que viven. También se insistió en la “falta de trabajo”[37] (muy pocos pueden acceder a ello), “falta de actividades para ocupar su tiempo más productivamente”[38], “escasas actividades al aire libre”[39], como así también las grandes dificultades para acceder a la “escolarización”[40]. En cuanto a otros factores que les hace sufrir sobremanera, se destaca el que tiene que ver con los sistemas de “requisas”[41], esto es, el control que se efectúa a las visitas, que en muchos casos las consideran deshonrosas.
4.4. De la “desesperanza” a la “desesperación”

Al comenzarse el estudio de los suicidios en las cárceles, se partió de la hipótesis que la “desesperanza” constituía la principal motivación que llevaba a los reclusos a la autoaniquilación. Esto así, por incluirlo entre los aspectos generales de los suicidios que se corresponden con otros universos. La “ausencia de proyectos” y la “falta de perspectiva en cuanto a un futuro mejor”, se suponía debía ser una de las principales causales de suicidio en las cárceles.

Partiendo de ese supuesto, -que no es erróneo-, nos dimos cuenta que resultaba insuficiente, particularmente después de las diversas entrevistas con interlocutores calificados y luego de escuchar “historias de vida” o narraciones de aquellos reclusos a quienes se entrevistó. No obstante, en una suerte de gradación, la desesperanza parece constituir el paso previo a otros estados de mayor gravedad.

Por otra parte, y por haber efectuado lecturas acerca del suicidio en el marco de la clínica psicoanalítica general, se tomó a la “desesperanza” como una variable explicativa fundamental en el análisis que nos ocupa. Vino a reforzar esta presunción, algunos trabajos de investigación publicados en la Revista Vertex[42] de estudios psiquiátricos, en cuya editorial del N° 52, se explica que la “desesperanza” [43], -en el marco de diagnósticos médicos-, sería tan importante a los efectos de la comprensión del suicidio, que hasta ha sido acuñada como un “discriminador semiológico” en el sentido de constituir “per se” una “categoría” dentro del campo de observación e investigación del psicoanálisis y la psiquiatría para este tipo de realidades.

Sin embargo, y como aclarásemos en el párrafo anterior, a partir de las observaciones efectuadas en el ámbito carcelario, esta presunción quedó parcialmente debilitada ya que, de las entrevistas realizadas y de trabajos consultados en relación a los derechos de los detenidos, se infiere que, si bien el factor desesperanza puede ser un elemento presente en el suicidio de los reclusos, existen otras variables de mayor peso. La “desesperación” [44] vino a ocupar su lugar, pues en ésta está contenida la desesperanza que incluye, entre otros aspectos como el “pesimismo”, la “angustia” y la imposibilidad de seguir resistiendo el dolor en el sentido más amplio de su acepción.


5. EL SISTEMA CARCELARIO COMO ÁMBITO DE DOLOR


Partimos del supuesto que, si un recluso ha tomado genuinamente la decisión de suicidarse, es porque quizás ha sido superado en su umbral de tolerancia al dolor físico, psíquico y/o moral en el que se ve inmerso. Allí, la “desesperanza”, y sobre todo la “desesperación”, constituirían expresiones síntesis de una situación que sienten no se puede modificar. El dolor físico, por los golpes recibidos o por la enfermedad. El dolor psíquico, por la pena, la incomprensión, la injusticia y la frustración, y el dolor moral por la indignidad a las que muchas veces se ven sometidos por las características propias del sistema.

Como lo apuntáramos anteriormente, de las entrevistas realizadas a funcionarios y personas vinculadas directa o indirectamente a cárceles o centros de detención, se puede inferir que prácticamente no quedan resquicios en los que el tratamiento del privado de libertad no esté sometido a instancias de dolor. Una breve lectura de las mismas, y que son expuestas en los Anexos del presente, más un repaso a otra documentación, nos dan claras muestras de ello. No obstante, y en función de la anterior clasificación aquí esbozada en relación a las causales de dolor, se puede brevemente esbozar la siguiente tipificación:

1. Causales de dolor físico: se entiende por tales, aquellas que dañan directamente al cuerpo físico de las personas. Entre otras las siguientes:
1.1. Violencia física. La efectuada entre los mismos reclusos por “ajuste de cuentas”, y las que realiza el personal que ejerce el control sobre los reclusos.
1.2. Hacinamiento: muchas cárceles se encuentran superpobladas y los reclusos viven en pequeñas celdas con espacio insuficiente para moverse, dormir, descansar, etc.
1.3. Servicios sanitarios. Insuficientes, fuera de servicio por falta de reparación, falta de higiene.
1.4. Enfermedades: de transmisión sexual y tuberculosis, principalmente.
1.5. Castigos corporales: por indisciplina.
1.6. Abstinencia: sexual, de estupefacientes, y otras.


Causales de dolor psicológico: se entiende por tales, aquellas circunstancias o hechos que provocan en el detenido aflicción o sufrimiento. Entre otras las siguientes:
2.1. Encierro: en lugares poco habitables, provocando situaciones de desesperación e impotencia.
2.2. Aislamiento: en celdas unipersonales a las cuales no están en general habituados.
2.3. Inactividad: tienen mucho tiempo de ocio improductivo. Faltan programas de recreación y programas con distinto tipo de motivación.
2.4. Abandono de sus familias, amigos, y seres queridos por situaciones diversas, como los procedimentales para efectuar visitas, distancias desde donde viven esas personas hasta los centros de detención, indiferencia, etc.
2.5. Amenazas: las prodigadas entre los mismos reclusos, o desde los guardiacárceles, etc.

Causales de dolor moral: se entiende por tales, a aquellas situaciones en las que se atenta de ex profeso contra la dignidad de la persona. Entre otras las siguientes:
3.1. Requisas deshonrosas a los familiares u otros seres queridos.
3.2. Burocracia perturbadora: como los requisitos solicitados a familiares y otros para efectuar visitas, quienes suelen quedar en el intento de poder concretarlo.
3.3. Desatención profesional: por parte del servicio de salud, asistentes sociales, psicólogos, odontólogos y otros.
3.4. Lentitud de la justicia en su defensa.
3.5. Injusticia en el tratamiento de supra-sub-ordinación.

Basándonos en las consideraciones teóricas de Lourdes Villardón Gallego, entendemos que las causales antes apuntadas son motivo suficiente para desencadenar en los internos situaciones extremas de stress que, desde el punto de vista físico y psicológico en muchos no podrían sobrellevar o soportar. Ello podría dar como resultado que, en muchos casos, y dependiendo de la estructura de cada individuo, la falta o escasa visualización en relación a un futuro con diferente salida, se transforme en desesperación.


6. ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES

Hasta el momento se ha llegado a las siguientes conclusiones, teniendo en cuenta las narraciones efectuadas por los entrevistados y el material proporcionado al respecto. Ellas son, entre otras las siguientes:

a) Los suicidios podrían ser clasificados en “auténticos” y “enmascarados”, dependiendo de si existe intención real de autoaniquilación, o es un modo de llamar la atención por parte del detenido a los efectos de condicionar un trasladado a lugar mejor, o donde se encuentre alguien con quien se desea estar próximo.
b) Habría suicidios “genuinos” y “dudosos”, dependiendo si fue la víctima quien ejecutó el acto contra sí mismo, o lo realizó otra persona y lo enmascaró como autoaniquilación. Algunos “suicidios dudosos” pueden ser por “ajustes de cuentas”, por “represalias de los carceleros”, por negarse a entrar en el tráfico de estupefacientes por parte de bandas internas, u otros.
c) Los suicidios se producirían en mayor número en los centro de detención, en donde los detenidos aún no están condenados.
d) Los “intentos” de suicidios se darían proporcionalmente en mayor número en mujeres que en varones, pero estos últimos lograrían mayor efectividad en la ejecución.
e) Se producirían mayor cantidad de suicidios en procesados que en condenados.
f) El sistema carcelario argentino tendría la característica de ser muy riguroso y militarizado en cuanto a sus formas, lo que hace que no siempre sea bien tolerado por el recluso.
g) El hacinamiento y las enfermedades en las cárceles parecen una realidad muy común, principalmente en las grandes capitales.
h) Se presume que los “suicidios auténticos” se dan fundamentalmente por haber superado el umbral de la tolerancia en relación al sistema, lo que les haría entrar en situación de desesperanza y desesperación frente a la imposibilidad de superar la realidad.

A pesar de todo lo oído de los entrevistados y parcialmente expresado en el presente trabajo, y las lecturas efectuadas de informes oficiales y de denuncias e investigaciones en otros países, la problemática del sistema carcelario como ámbito de dolor no es exclusiva de nuestro país sino que constituye una realidad de alcance mundial.

Para el caso de estudios comparativos entre unidades carcelarias, parece importante destacar que, más que la comparación en cuanto al suicidio como “resultado”, esto es, cantidades de suicidados[45] o que han intentado hacerlo, sería importante comparar otras variables como son causales, edades de los reclusos, entorno social del cual provienen, infraestructura carcelaria en donde se alojan, respuesta a necesidades básicas, niveles de agresión en las relaciones de supra-sub-ordinación, etc.

También parece importante destacar, la dificultad para efectuar “análisis comparativos” por países, por cuanto los resultados estadísticos que se comparan pueden no reflejar la realidad. Esto así, en cuanto que es probable que los países con menores controles o estudios estadísticos como son los países más pobres, muestren tasas de incidencia suicida menores que la de aquellos otros países, en lo que los censos, encuestas, etc. suelen ser no sólo más rigurosos sino también más frecuentes, como ocurre en los países del primer mundo.

Más allá de otras problemáticas, dos cuestiones quedan claras luego de haber realizado la presente investigación. Por un lado, la dificultad para dilucidar si los suicidios son en muchos casos “auténticos” o “enmascarados”. Como ha sido expresado recientemente en el Seminario sobre temas carcelarios, las cárceles constituyen verdaderas “maquinarias de violencia”, y esto ocurre en todas partes del mundo. Como tal, las muertes “dudosas” parecen más bien una generalidad.

El otro aspecto que queda por destacar, y como se apuntara anteriormente, la fundamental importancia que adquiere la presencia de capellanes y líderes religiosos como substitutos de otras personas que formalmente debieran dar protección, asistencia y contención a los reclusos. Esto así por varias razones: en primer lugar, porque en muchos casos los reclusos encuentran un sentido a su dolor. En otros casos, porque sirven de intermediarios con el mundo exterior, y en un tercero porque contribuyen a la organización de los mismos en actividades que les dan la posibilidad de devolverles en parte su dignidad.

Y si esta última no es visualizada por el recluso como una salida honrosa y necesaria a su realidad, queda una última pregunta por hacer: ¿qué otra salida le queda al recluso para liberarse de su esclavitud física, psicológica y espiritual? Quizás la idea del suicidio le signifique la posibilidad de ejercitar su libre albedrío o a alcanzar algún tipo de liberación.


A continuación, en el apartado que corresponde a “Anexos”, se presentan las grillas con las entrevistas efectuadas hasta el presente, que como se expresara anteriormente, por razones de confidencialidad no se enuncia la identidad de las personas consultadas.


[1] Las variables de análisis tenían que ver con la infraestructura carcelaria, esto es, m2 por celda, cantidad de internos por m2, ropa de cama, sanitarios, etc.
[2] IZUZQUIZA, Igncio. La sociedad sin hombres. Niklas Luhmann o la teoría como escándalo”. Editorial Anthropos, 1ra. Edición, Barcelona 1990. p. 147.
[3] Con ello se está haciendo referencia a “las reglas de juego” que generan la modalidad de vinculación de los elementos constitutivos de la estructura.
[4] “Estos sistemas se constituyen como tales mediante su autorreferencia. Y, por tanto, son siempre sistemas cerrados: su clausura es condición indispensable de su existencia. Es el mismo sistema el que crea su unidad y es el mismo sistema el que, mediante esa clausura, realiza el aclopamiento con su entorno, necesario para su permanencia como tal sistema, sin precisar nunca si necesita una relación de tipo ‘input/output’ con el entoro” Op. Cit. p. 149.
[5] Por si acaso, piénsese en el negocio de los estupefacientes. En alguna de las entrevistas, un recluso se arriesgó a expresarse del siguiente modo: “es que para muchos de los internos es más negocio la compraventa de droga que lo que se pueda conseguir fuera (ciertamente, de la cárcel) en el negocio de delinquir. Fíjese Usted, aquí cada dosis se la puede conseguir a (...), y como es un elemento importante para poder subsistir, el negocio se hace bueno” (palabras y giros del entrevistado)
[6] Goffman se expresa al respecto del encierro físico y psicológico en las “instiuciones totales”, del siguiente modo: “La tendencia absorbente o totalizadora está simbolizada por los obstáculos que se oponen a la interacción social con el exterior y al éxodo de los miembros, y que suelen adquirir forma material: puertas cerradas, altos muros, alambre de púa, acantilados, ríos, bosques, pantanos”. GOFFMAN, Erwin. Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. Amorrortu Editores, S.A. , Buenos Aires, 2004. p. 18.
[7] En una de las entrevistas con reclusos en el Penal San Martín, ellos se manifestaron de la siguiente forma: “quienes entran a la capellanía, salen de la cárcel”. El significado de esto es que el encierro psico-físico en el que se encuentran, en muchísimos casos encuentra una salida a través de la liberación espiritual que ofrece la fe a través de una religión. En ese sentido, en las cárceles argentinas juegan un rol fundamental los capellanes carcelarios, como así también las otras iglesias cristianas que en muchos casos logran generar su propio espacio interno a quienes los reclusos denominan “pabellones evangelizadores”.
[8] “Una de las fases más iportantes en la evolución de la teoría de los sistmas comienza a iniciarse enla década de los años sesenta. Es entonces cuando aparecen las denominadas ‘teorías de la autoorganización’, que consideraban sistemas que podían autoorganizarse, creando con ello su propia estructura. A esas discusiones se añade la contribución central de Maturana –reforzada por algunos análsis de Varela- y su ‘teoría de la autopoiesis’. Teoría que supone una novedad esencial sobre las teorías de la autoorganización, ya que la autopoiesis plantea, (...), que un sistema no sólo crea su propia estructura, sino también los elementos de que se copone.” Op. Cit. p. 148.
[9] Muchos de estos líderes operan como itermediarios entre los reclusos y la jerarquía, lo cual genera un ordenamiento jerárquico interno de tipo informal, pero funcional al sistema.
[10] GOFFMAN. Op. Cit. p. 20.
[11] “ver que todos hagan lo que se les ha dicho claramente que se exige de ellos, en condiciones en que la infracción de un individuo probablemente se destacaría en singular relieve contra el fondo de sometimiento general, visible y comprobado” Goffman. Ibid. (Op. Cit. p. 20)
[12] MARCHIORI, Hilda. El Suicidio. Enfoque Criminológico. Marcos Lerner Editora Córdoba, Argentina, 1996. p. 7.
[13] DURKHEIM, Emile. El suicidio. Editorial Losada, S.A., Buenos Aires, 2003.
[14] Se destaca su forma incisiva de efectuar afirmaciones que después irá o reafirmando, relativizando o invalidando, partiendo de datos estadísticos en la mayoría de los casos.
[15] “Una investigación científica no puede concluirse con éxito más que si se apoya en hechos comparables, y cuantos más hechos reúna que puedan ser comparados con provecho, más posibiliddes tendrá de lograr su objetivo”. (Durkheim op. Cit. p. 7)
[16] “hay imitación cuando un acto tiene por antecedente inmediato la representación de un acto similar, anteriormente realizado por otro, sin que entre esta representación y la ejerución se intercale ninguna operación intelectual, explícita o implícita, que recaiga sobre las características intrínsecas del acto reproducido” (Durkhein, op. Cit. p. 118) También dice este autor que “No existe tal vez otro fenómeno más fácilmente contagioso” ( p. 121)
[17] En el marco del fenómeno del suicidio, cabría –según Durkheim-, una diferenciación en cuanto a la complejidad de una u otra acepción. Según nuestra propia interpretación, en la “imitación” el individuo se mantiene justamente como eso “indiviso” en el sentido de proceder con propia autonomía, pero tomando a la actuación del otro como referencia. En cambio, en el “contagio”, se produciría una suerte de ideación colectiva en relación al objetivo del suicidio, el cual implicaría una comunicación implícita o explícita entre los actores a los efectos del objetivo del acto. Esto, sólo como uno de los elmentos de la complejidad del fenómeno (identidad en cuanto al objetivo sino también probablemente a los móviles, causales de inspiración, etc.)
[18] “No hay duda de que la idea del suicidio se produce por contagio” (Durkheim, op. Cit. p. 119)
[19] Al respecto de la complejidad y la comprensión del fenómeno del “contagio suicida”, Durkheim se expresa en los siguientes términos: “Porque hay que reconocer que sólo sabemos en qué consiste de una forma muy vaga. Cómo se producen exactamente las combinaciones de las que resulta el estado colectivo, qué elementos forman parte de él, cómo aparece el estado dominante, todas estas cuestiones son demasiado complejas como para poder ser resueltas sólo por instropección (...) Sabemos todavía muy poco cómo y según qué leyes los estados mentales del individuo aislado se combinan entre ellos. (...) uestra única intención era hacer ver que ahí había algo muy diferente a la imitación”. (op. Cit. P. 119)
[20] LAPLANCHE, Jean. “La pulsión de muerte en la teoría de la pulsión sexual” en La pulsión de muerte. (Varios) Primer Simposio de la Federación europea de Psicoanálisis 1984. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1998. p.18.
[21] “Freud describe el instinto de muerte como una pulsión biológica que empuja a retornar a lo inorgánico; el organismo reacciona a toda perturbación con la tentativa de recuperar el “statu quo”. SEGAL, Hanna. “De la utilidad clínica del concepto de instinto de muerte” en La pulsión... op. Cit. p. 35.
[22] RECHARDT, Eero. “Los destinos de la pulsión de muerte” en La pulsión... op. Cit. p. 51.
[23] La Organización Mundial de la Salud estima que el 95 % de los casos de suicidios obedecen fundamentalmente a trastornos mentales. Pero este porcentaje indudablemente válido para una consideración general por la fuente de referencia, no parece ser aplicable al sistema carcelario por su propia especificidad y por sus propias características.
[24] (v.) Trabajos citados por Lourdes Villardón Gallego en El pensamiento del suicidio en la adolescencia. Universidad de Deusto, Bilbao, 1993.
[25] En las entrevistas en profundidad realizadas, los internos manifiestan el tipo de medicación que se les suministra para los casos de ansiedad, depresión, euforia, etc. Al respecto, se quejan por la falta de diferenciación en cuanto a diagnóstico y cura, pues para cualquier síntoma la medicina siempre es la misma, esto es, la indiferenciación en los diagnósticos y la masificación y homogeneización en la solución propuesta, esto es, dar siempre o casi siempre la misma medicación.
[26] Traducc. De la autora (GP)
[27] Durkheim establece con claridad la dificultad que existe para determinar la etiología, como así también, expresarse formalmente acerca de ellas, teniendo en cuenta quiénes habitualmente están encargados de hacerlo. Al respecto, se expresa del siguiente modo: “En las actas judiciales que se levantan cada vez que se comete un suicidio, se anota el móvil (problema familiar, sufrimiento físico o de cualquier otro tipo, remordimientos, embriaguez, etc.), que parece haber sido la causa determinante y, en las informaciones estadísticas de casi todos los países, hay una tabla donde se consignan estos datos bajo el epígrafe: Motivos supuestos del suicidio. (…). Pero como ya decía Wagner hace tiempo, lo que se llama estadística de los motivos del suicidio es en realidad una estadística de las opiniones que se forman de esos motivos los agentes, a menudo subalternos, encargados de consignar este tipo de informaciones. Desgraciadamente sabemos que las comprobaciones oficiales son demasiado a menudo defectuosas, incluso cuando se refieren a hechos materiales y ostensibles que cualquier observador objetivo puede apreciar y que no dejan lugar a ninguna interpretación. ¡Pero cómo no dudar de ellas cuando su objeto no es registrar simplemente un acontecimiento, sino interpretarlo y explicarlo! Siempre es difícil interpretar la causa de un fenómeno. (op. Cit. P. 143) (Negrita nos corresponden).
[28] Silvia Ubaldi parte del esquema de Baechler para efectuar la clasificación en función de su significación. Lo clasifica del siguiente modo:
· “Il significado di fuga. Il soggetto, attentando alla propia vita, cerca di fuggire da una situazione sentita como insopportabile.
· Il significado di lutto. Il soggetto attenta alla propia vita in conseguenza della perdita (reale o immaginata) di un effettivo elemento della sua personalità o dellámbiente che lo circunda.
· Il significatto di castigo. Il soggetto attenta alla propia vita per espiare un errore o una colpa, reali o immaginari.
· Il significatto di delitto. Il soggetto attenta alla propia vita per trascinare con sé, nella morte, unáltra persona.
· Il significado di vendetta. Il soggetto attenta alla proprie vita, sia per provocare il rimorso altrui, sia per infliggere all´altro l´infamia della comunità.
· Il significado di richiesta e ricatto. Il soggetto attenta alla propria vita per fare pressione sulláltro, ricattandolo.
· Il significado di sacrificio e passaggio. Il soggetto attenta alla propria vita per raggiungere un valore o una condizione giudicata superiore.
· Il significado di ordalia e gioco. Il soggetto attenta alla propria vita per mettere in gioco se stesso, e organizza una sorta di sfida al destino, in modo da poter rimettere la scelta tra la propria vita o la morte ad unéntità metafisica.”
(op. Cit. Cap. II. P. 8) (Negrita nos corresponde)
[29] DURKHEIM. “(…) sólo puede haber tipos diferentes de suicidios si las causas de las que dependen son ellas mismas diferentes. Para que cada uno de ellos tenga una naturaleza propia, son necesarias también condiciones de vida que les sean propias” (op. Cit. P. 141)
[30] De lo investigado surge que el distanciamiento en relación a los seres queridos puede obedecer a diversas causales. Una de ellas tiene que ver con la falta de recursos de los allegados al recluso, que muchas veces no cuentan con el dinero mínimo para poder trasladarse hasta el penal. Es por ello que los especialistas en la temática de cárceles sostienen que la tendencia internacional es no instalar los edificios carcelarios en zonas muy alejadas (salvo que las circunstancias lo aconsejen en contrario), porque eso los aleja de los seres queridos y los “aísla” aún más, no sólo desde el punto de vista físico sino también psicológico, en detrimento de la recuperación de la persona.
[31] Los reclusos manifiestan que la visita médica se efectúa una vez por semana por pabellón. Si una persona se encuentra enferma debe esperar al día asignado para la visita médica para recién poder ser atendido. Cuando el recluso se ve desbordado en su dolor, para llamar la atención suelen autolesionarse a los efectos de que los asistan en forma inmediata. Entre las modalidades que adquieren esas autolesiones, se encuentran por ejemplo la de coserse los ojos, o la boca, tragarse una cuchara o tenedor y otros. También se autolesionan con elementos punzantes o cortantes. Otra modalidad suele ser la de simular una acción suicida. Por otra parte, se quejan de que con pocos medicamentos les solucionan todos los problemas, por diversos que sean. Conocen perfectamente el nombre de cada uno de ellos. Por otra parte, insisten en que se les hace ingerir determinado tipo de medicamentos a los efectos de que queden “sedados” y de ese modo poder controlar mejor la conducta. A la pregunta de si se consumían estupefacientes, contestaron que en la mayoría de los casos lo hacen para poder sobrellevar la vida dentro del sistema.
[32] Los reclusos consideran que un apoyo fundamental para sobrellevar su estado de angustia y desesperación, sería poder ser tratados por psicólogos y/o asistentes sociales. El no tener con quien dialogar sus propios problemas, ni contar con una palabra de apoyo o mantener un diálogo con quienes puedan darles un consejo u orientarlos, les produce un profundo desaliento y desesperanza. En ese sentido, desde la perspectiva psicoanalítica, se ha insistido en que una de las causales fundamentales del suicidio en general, lo constituye justamente la situación de desesperanzamiento en las personas.
[33] Algunos relatos de internos y de otras personalidades vinculadas al sistema carcelario, dan cuenta de las demoras en el otorgamiento de la libertad que a veces se miden en años, por el incumplimiento de las tareas que deben realizar los asistentes sociales y otros funcionarios, para dar el visto bueno de reinserción social de los reclusos que están en condiciones de acceder a la misma. Este incumplimiento por parte de los profesionales suele darse por sobresaturación de trabajo y otras causales. Las demoras para acceder a la libertad por problemas de burocracia es muy común que suceda, y es una cuestión que afecta sobremanera a aquellas personas que, privadas de su libertad, miden cada día de su existencia, los años, meses, días y horas que les quedan para acceder a la misma.
[34] El problema de la alimentación es fuertemente denunciado por parte de diversos sectores vinculados a defensoría, procuraduría, defensores de derechos humanos y otros. En ese sentido, algunos funcionarios han manifestado que los presupuestos oficiales posibilitaría una alimentación adecuada en el sentido de cantidad y calidad. Sin embargo, han existido denuncias permanentes en cuanto a que a los internos se les suele dar comida que en muchos casos no resulta apta para el consumo humano.
[35] De lo que se ha podido dialogar con los internos, surge que uno de los focos infecciosos más importantes dentro de las cárceles tiene que ver con la falta de higiene que se produce en los baños debido a que los mismos funcionan muy deficitariamente por falta mantenimiento en los servicios sanitarios.
[36] El hacinamiento está dado en muchos casos, fundamentalmente por la superpoblación carcelaria en relación a las disponibilidades edilicias. Por otra parte, los internos se quejan, por ejemplo, de los elementos con los que cuentan para dormir. Según ellos, en muchos casos duermen sobre “pedazos” de gomaespuma.
[37] Uno de los reclusos manifestaba su desesperación por no tener modo para obtener dinero, dado que lo necesitaba para dárselo a su mujer que se encuentra enferma. Algunos de ellos manifestaban que si se dan situaciones de venta de estupefacientes dentro del sistema carcelario, obedece -entre otras razones-, a la posibilidad de acceder a dinero para mantenerse a sí mismos y para darle dinero a sus familias.
[38] Los internos manifiestan la necesidad de poder realizar actividades que los pueda mantener física y mentalmente ocupados. Se quejan de la gran cantidad de horas sin actividad, en algunos casos sólo los llevan una hora por día para hacer alguna actividad de recreación. En el Penal San Martín de la ciudad de Córdoba se ha observado la realización de actividades relacionadas a expresiones artísticas, periodismo, y otras.
[39] Uno de los aspectos que han destacado tanto los internos como los funcionarios entrevistados, tiene que ver con las construcciones edilicias de las cárceles, las cuales en líneas generales carecen prácticamente de espacios abiertos adecuados para la recreación.
[40] En uno de los establecimientos penitenciarios se manifestó que de aproximadamente 900 pedidos anuales para acceder a la enseñanza, sólo pueden lograrlo alrededor de 60 personas. De la investigación realizada surge que prácticamente el 100 % de las personas que han podido acceder a la educación mientras han estado privados de su libertad, no han vuelto a reincidir en los diversos tipos de delitos. No obstante, parece importante aclarar que, en muchos casos, los internos no pueden acceder al sistema educativo interno dada la burocracia interna y externa para que los mismos puedan comenzar o continuar con el régimen de escolaridad ya sea primaria, secundaria o universitaria.
[41] El mal trato en la requisa suele poner muy violentos a los internos, lo que genera agresiones contra el personal penitenciario. Dichas requisas, según informes oficiales, pueden ir desde el denominado “cacheo”, hasta el desnudo parcial, desnudo total y desnudo total con flexiones. Otras quejas de los reclusos han estado referidas a las denominadas “visitas conyugales”, centrándose la queja en que cuando existe animosidad por parte de los custodios no les permiten cerrar la puerta a los efectos de poder mantener una relación con su pareja en la intimidad.
1 VERTEX. Revista Argentina de Psiquiatría. Volumen VII, N° 23, Marzo, Abril, Mayo, 1996, y Volumen XIV, N° 52, Junio, Julio, Agosto, 2003, Ediciones Polemos S.A. Buenos Aires.
[43] En la Revista VERTEX, los investigadores afirman que, “La psiquiatría contemporánea se ha ocupado mucho del concepto de desesperanza para designar un estado psíquico, o más propiamente vivencial, caracterizado por una pérdida de horizontes, pobreza o pesimismo en la consideración del futuro y de la posibilidad de encontrar salida a problemas o situaciones actuales en dirección de una existencia mejor”.

3 Para Ph. Lersch, en su clásico texto “Estructura de la Personalidad” (1968), en las págs. 254/5, nos dice que la desesperación, “es el punto cero crítico de la existencia”, “ una conmoción radical , es decir, llega hasta las raíces del fondo vital y constituye una crisis de la existencia misma” (...), “una radical negación del porvenir cuya última consecuencia es la negación de la vida misma”. (...) “El gesto virtual de la autoaniquilación constituye la configuración mocional de la desesperación” en la que “queda afectada la voluntad de existir en sus impulsos primitivos”.

[45] Para el sistema carcelario federal argentino en el período comprendido 2003/2004, de la totalidad de muertes en cárceles el 10 % corresponde a suicidios (ahorcados), el 50 % a enfermedades infecciosas como sida, hepatitis, TBC, el 25 % a peleas entre internos, el 13 % a otras enfermedades y el 2 % a quemados. Por otra parte, según informe de Naciones Unidas, los suicidios constituyen la 13° causa de muertes en el mundo.

ANEXO

Publicación en diario Le Monde 18-12-08

1 comentarios:

Anonymous MARIA ha dicho...

Hola, leí tu trabajo y realmente es muy bueno y muy muy claro, fácil de leer y ameno. Pero ... le falta ese toque de "humanizar" un poco cuando uno/a analiza algún problema social. Si bien, seguramente habrás aprobado tu Post Doctorado, cosa q me alegra, noto fácilmente esa forma de escribir tal vez "enciclopedista". Es cierto q en este tipo de trabajos no se espera otra cosa (generalmente), pero a mi humilde entender siempre es bueno dejar algun interrogante o algun comentario del autor q se precie de dejar pensando al lector. Cariños y saludos. MARIA supercalifragilistico18@hotmail.com

30 de enero de 2008 14:00  

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